jueves, 2 de septiembre de 2010

Capítulo 6

6º Capítulo
-¿Te sientas aquí conmigo o ya tienes con quién sentarte?-me miró con una sonrisa pícara.
–Emm…es que me iba a sentar con Charlie-me miró con una cara rara tipo, ¿quién es ese?
-Charlie Brown, ¿no sabes quién es?
-No, ¿en qué curso está?
-En 2º de la ESO, como yo, ¿y como tú no?-dije yo, con dudas, porque, no me había ni interesado en ese pequeño detalle, ya que me había estado fijando en esas pequeñas pero intensas miradas con esos bonitos ojos marrones que nos echábamos mutuamente.
–Sí, bueno, vamos a dejarlo en un sí…-giró la cabeza hacía el conductor.
-¿Cómo que dejarlo en un sí? ¿Por qué? No, sigue contando, no te gires anda, por favor.
–Lo siento, es que, no debo, en serio, y ahora cállate y siéntate tranquila, ya vamos a arrancar.
–¡Pero cuéntame!-dije yo casi que se podría decir, gritando
-No se lo diré a nadie si es eso lo que quieres…-le dije en un susurro muy cerca de su oído.
-Oye, ¿no crees que es muy temprano para hablar de mi vida? Porque nos hemos conocido hace 4 minutos…
-Ya, pero, ahora mismo siento que nuestros ojos hablan por nosotros.-y veo que él se sonroja y se ríe mientras yo me giró a coger mi móvil de la mochila y así de paso intento que el sonrojo se nos calme, y que mi corazón no le diga nada más a mis labios sin mi cabeza haberlo pensado antes…, ME ESTABA LLAMANDO EL MISMO NÚMERO QUE EL DEL DÍA DEL BAÑO EN EL INSTITUTO. No lo cogí, dejé que sonase, muchas veces, creo que me llamaron 5 o incluso 6 veces seguidas.
-¿No lo piensas coger?-me dijo con cara de interesante.
–No, son para publicidad, que pesados que son dios…-sonreí mientras se oía mi risa, junto a la suya.
De repente entró Charlie en la guagua, y al oír mi risa, sabe justo dónde estoy.
–Charlie, ahora voy, siéntate dónde nos vayamos a sentar.
–Sí, pero, rápido que ya nos vamos.-me dijo él con esa voz dulce como el azúcar glaseado.
–No, Rosa, lo siento pero no puedes cambiarte ahora, ya nos vamos, de verdad, mejor que no lo hagas.
–Lo siento eemm… ¿cómo te llamas?-me quedé cortada.
–Mikel.-me dijo con su voz grave.
–Gracias, lo siento Mikel, pero me voy a cambiar, ¿puedo?-con señas le transmití que si se podía mover para cambiarme, se movió con una gran sonrisa.
–Te he advertido.
–Sí, lo has hecho, gracias. Charlie, ¡hazme un sitio!-me cambié sin problemas, y no pasó nada de nada. Llegó la hora de bajarse de la guagua, recé para no hacer más el ridículo con las escaleras, ni con nada de la guagua, y resultó, porque no me pasó nada, y menos mal.
En todas las clases estuve pensando en Charlie, le escribía poemas y frases, que nunca le daría, bueno, mejor no digo nunca, que no le daría por el momento, excepto en la última clase del día, que trataba de lengua, y nos tocaba dar el tema de los poemas, y en ese tema, yo sé más de lo que cualquiera creería al verme. En todas las clases pensaba en él, porque estaba a una mesa de mí, pero, de estas mesas que son dobles, que se ponen dos personas, pues, si yo estaba por la derecha, el estaba también por la derecha, yo me sentaba sola, él se sentaba con su amigo Jill, que en todas las clases me solía mirar bastante, y después de mirarme siempre le contaba algo a Charlie. Yo no sabía el qué, ya que no leo los labios.

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